Síncope vasovagal

Publicado el 16 junio, 2025
Revisado el 23 junio, 2025
¿Qué es?Cinfaconsejos

¿Qué es el síncope vasovagal?

El síncope es una pérdida súbita y breve de la consciencia que se recupera de forma espontánea. Se acompaña además de pérdida de tono postural. La persona que lo sufre queda inmóvil y flácida. Los miembros presentan frialdad, el pulso es débil y la respiración superficial.

Cuando la causa es una disminución del retorno venoso, ya sea por aumento de la presión intratorácica, aumento del tono vagal (que también reduce la frecuencia cardíaca) y pérdida del tono simpático (p. ej., secundaria a fármacos, compresión del seno carotídeo, disfunción autónoma) se denomina vasovagal o neurocardiogénico (también se denomina a veces lipotimia) y es frecuente y benigno.

La denominación “vagal” hace referencia al nervio vago, el décimo de los doce pares craneales. Es un nervio que nace del bulbo raquídeo e inerva faringe, esófago, laringe, tráquea, bronquios, corazón, estómago, páncreas, hígado y vísceras. Es una parte importante del sistema parasímpatico y es responsable entre otras, del control de la frecuencia cardiaca, los movimientos intestinales (peristalsis) o la sudoración.

La visión de la sangre o experimentar emociones o dolor intensos son algunos de los posibles desencadenantes de esta excesiva respuesta fisiológica del organismo, bastante común entre la población. Tiene carácter benigno, ya que se trata de un mecanismo reflejo, que no suele estar relacionado con ninguna enfermedad. De hecho, la recuperación suele ser espontánea, sin que sea normalmente necesario un tratamiento.

No obstante, durante la pérdida de conocimiento, la persona sí podría sufrir caídas y/o traumatismos. Por ello, es importante saber reconocer los síntomas previos (presíncope) —aturdimiento, mareo, sudor, palidez, sensación de debilidad, sudoración, alteraciones visuales…— con el fin de llevar a cabo inmediatamente maniobras con brazos y piernas que permitan evitar el desmayo o retrasarlo el tiempo suficiente para poder buscar un lugar o posición más segura que evite o amortigüe la caída.


¿A quién afecta?

Se trata de un trastorno que, según diferentes estudios, tiene una alta prevalencia entre la población. Aunque puede ocurrir a cualquier edad, parece ser más común en mujeres y en personas jóvenes. También aumenta su incidencia a partir de los 70 años y durante el embarazo.


¿Por qué se produce?

Cuando un desencadenante como la visión de la sangre, levantarse bruscamente de una posición sentada o echada,  o un intenso sufrimiento emocional activa el nervio vago, se produce un descenso brusco de la tensión arterial y la ralentización de la frecuencia cardíaca. Ello provoca, a su vez, la disminución del flujo sanguíneo al cerebro, lo que puede llevar al mareo y a la posterior pérdida de conciencia —desmayo o síncope—.


¿Qué causas o factores pueden desencadenar un síncope vasovagal?

El síncope vasovagal constituye, en realidad, una reacción desproporcionada del organismo a factores desencadenantes como los siguientes:

  • La visión de la sangre o sufrir otras impresiones desagradables.
  • Extraerse sangre o ponerse inyecciones.
  • La exposición a una fuente de calor excesivo.
  • El dolor físico intenso.
  • El estrés emocional y el miedo intensos —por ejemplo, a sufrir una lesión—.
  • Mantenerse en pie durante un periodo de tiempo largo, especialmente en ambientes excesivamente cálidos o en condiciones de deshidratación o ayuno prolongado.
  • Llevar a cabo un esfuerzo intenso al evacuar (síncope miccional o defecatorio).

¿Qué factores predisponen a él?

El riesgo de sufrir un síncope vasovagal es mayor si existe deshidratación y, en el caso de las personas de edad avanzada, si se están recibiendo tratamientos diuréticos o hipotensores.

Otros factores que pueden predisponer a padecerlo son el estrés, el consumo de alcohol. El uso de ropas apretadas, estar en ayunas, haber ingerido comidas copiosas y la falta de sueño o descanso.


¿Cuáles son los síntomas o signos premonitorios?

Previamente al desmayo o pérdida de conocimiento, pueden presentarse ciertos síntomas o signo, fáciles de percibir, que pueden alertar a la persona o a su entorno de que va a sufrir un síncope vasovagal.

Entre ellos, se encuentran:

  • Aturdimiento
  • Mareos
  • Sudor
  • Palidez
  • Sensación de debilidad en las piernas
  • Sofocos o sensación de calor
  • Vértigo
  • Sudoración fría y profusa
  • Acúfenos —zumbido en los oídos—
  • Alteraciones visuales —visión en túnel o borrosa—
  • Náuseas
  • Descenso del ritmo cardíaco.
  • Visión en túnel

Además, las personas que se encuentran alrededor pueden percatarse de que la persona que está a punto de padecer el síncope realiza movimientos bruscos y anormales y sus pupilas están dilatadas.

Generalmente, estos síntomas duran de unos segundos a unos minutos. Si se manifestaran sin que llegara a producirse la pérdida de conocimiento, se denomina presíncope vasovagal.


¿Qué hacer en caso de un síncope vasovagal?

En caso de presenciar uno, deben seguirse los siguientes pasos:

  • Tumbar a la persona en un lugar seguro y tranquilo.
  • Revisarle la vía aérea para comprobar si respira.
  • Levantarle los pies por encima del nivel del corazón para favorecer el flujo de sangre hacia el cerebro.
  • Aflojar las prendas de ropa que puedan apretarle.
  • Si se presentan vómitos, colocarla en posición lateral de seguridad para evitar un atragantamiento.
  • Si está consciente, ofrecerle agua.

En la mayoría de las ocasiones, la recuperación es rápida y completa, una vez la circulación sanguínea se normaliza. No obstante, es necesario que la persona permanezca en reposo al menos de quince a treinta minutos, ya que, de incorporarse demasiado pronto, corre el riesgo de un nuevo desmayo.

Por ello, tras permanecer en posición horizontal con las piernas en alto durante un tiempo prudencial, la reincorporación debe ser progresiva: primero ha de sentarse y, cuando esté totalmente recuperada, volver a ponerse en pie.

En caso de que la persona no recuperara la consciencia o no respirara, debe llamarse inmediatamente al 112 para solicitar ayuda médica de emergencia y comenzar las maniobras de reanimación cardiopulmonar.


¿Cómo se trata el síncope vasovagal?

Como se indicaba al inicio, el síncope vasovagal no requiere tratamiento generalmente, pero, si los desmayos se tornaran frecuentes, es recomendable consultar a un médico, que ayudará a identificar los desencadenantes y a prevenirlos.

Por otra parte, en cuanto aparezcan los síntomas premonitorios, la persona debe detener la actividad que esté llevando a cabo en ese momento y realizar contracciones musculares con las piernas y brazos de la siguiente manera:

  • Unir las dos manos hasta formar un puño y después ejercer contrapresión entre ellas para intentar separarlas.
  • Ponerse de cuclillas.
  • Tensar los músculos de la pierna.

Si la frecuencia de los desmayos fuera tan elevada que estos llegan a afectar a la calidad de vida de la persona, puede ser necesario un tratamiento farmacológico que se usa habitualmente para tratar la tensión arterial baja. Igualmente, si no se sufre de hipertensión, puede ser necesario el aumento de la cantidad de sal en la dieta.

Si uno de los desencadenantes fuera la acumulación de sangre en las piernas al permanecer demasiado tiempo de pie, puede ser beneficioso utilizar medias de compresión elástica o llevar a cabo ejercicios con los pies y piernas.

Muy raramente y en caso de no haber respondido a otros tratamientos y de que los síncopes sean muy frecuentes, puede ser necesaria una cirugía para la colocación de un marcapasos eléctrico que regule los latidos del corazón.

Cómo prevenir el síncope vasovagal

Aplicar en su vida diaria las siguientes medidas puede ayudar a las personas con propensión a padecer este trastorno a reducir su frecuencia:

  1. 1. Mantén a raya los factores desencadenantes. Por ejemplo, evita las situaciones de estrés intenso —o aprende técnicas para manejarlo—, permanecer largos periodos de pie —si es inevitable, ponte de cuclillas de vez en cuando— o mirar la sangre o la jeringa cuando te realices extracciones o te pongas inyecciones.
  2. 2. Cuídate. De esta manera, evitarás también las circunstancias que te predisponen al síncope vasovagal. Por ejemplo, aumenta la ingesta de líquidos en el día a día para evitar la deshidratación y haz varias comidas a lo largo de la jornada en vez de practicar ayunos demasiado prolongados. Asimismo, asegúrate de dormir las horas suficientes y realiza ejercicio físico con regularidad.
  3. 3. Si reconoces los síntomas previos, túmbate y eleva las piernas. Si no es posible, siéntate y coloca tu cabeza entre las rodillas hasta que te sientas mejor. Acuérdate también de respirar profundamente para reducir la ansiedad y contribuir a estabilizar de nuevo la presión arterial. Túmbate también antes de realizarte extracciones.
  4. 4. Informa a los demás. Si padeces síncope vasovagal a menudo, conviene que hables a las personas de tu entorno de esta tendencia y que les informes sobre qué medidas deberían tomar en caso de que presencien uno de estos desmayos. 

Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.