Patologías de la retina

¿Qué es la retina?
Se trata de un complejo tejido neurosensorial multicapa del ojo, constituido por una combinación de fotorreceptores, células bipolares, ganglionares y células de soporte de la transmisión neuronal (Müller, amacrinas, horizontales) y una capa externa de epitelio pigmentario, que ayuda a absorber la luz “sobrante”, previene el fotodeslumbramiento y contribuye a regular el metabolismo de los fotorreceptores.
Esta red neuronal con una arquitectura tan perfectamente estructurada constituye una fina capa tisular que recubre la parte posterior del globo ocular y se considera una ventana al cerebro. Por otro lado, rellenando el hueco posterior del globo ocular, y en íntimo contacto con la retina, se encuentra el gel vítreo, sustancia gelatinosa que ayuda a mantener el volumen, la forma y la estabilidad del ojo.
¿Qué funciones tiene la retina?
La retina produce el “milagroso” efecto de la fototransducción, esto es, transformar, gracias a los fotorreceptores (conos y bastones), un concreto estímulo lumínico con una longitud de onda concreta, generado por la reflexión de la luz en una determinada partícula que forma parte del objeto que estamos enfocando, en un estímulo eléctrico, el cual es vehiculizado a través de una compleja red axonal hacia el cerebro, concretamente a la corteza occipital, para que éste “reconstruya” la imagen a partir de esos datos transmitidos.
¿Qué ocurre cuando se daña?
Cualquier noxa que induzca un daño vascular, inflamatorio, traumático, puede llevar a una pérdida de la función/estructura normal de la retina, conllevando en ciertas ocasiones a un proceso de desestructuración y cicatrización tisular que desencadene una pérdida irreversible del normal funcionamiento del proceso de la visión desde la fototransducción (proceso mediante el cual la luz es convertida en señales nerviosas que el cerebro puede interpretar) hasta la transmisión de la señal durante el ciclo visual.
Esto hace especialmente importante la correcta identificación y tratamiento precoz de este tipo de cuadro para prevenir la aparición de secuelas a largo plazo.
¿Cuáles son las enfermedades que pueden afectarla?
En cuanto a la patología que afecta a la retina, podríamos clasificarla en cuatro grandes grupos:
- Problemas del tejido neurorretiniano (Degeneración macular -DMAE-, distrofias hereditarias congénitas de la retina -DHC-, agujero macular -AM-)
- Problemas de la vascularización de la retina (Trombosis venosa, oclusiones vasculares de la retina, retinopatía diabética -RD-, retinopatía hipertensiva, vasculitis retiniana)
- Patología inflamatoria/infecciosa vitreorretiniana y
- Patología de la interfase vitreorretiniana (desprendimiento parcial de vítreo -DPV-, desgarro retiniano, desprendimiento de retina -DR-).
- Problemas del tejido neurorretiniano: La DMAE es la primera causa de ceguera en países industrializados en mayores de 60 años, por alteración de los segmentos externos de los fotorreceptores y el epitelio pigmentario de la retina. La variante húmeda, con la aparición de neovasos provenientes de la coriocapilar puede ser tratada con inyecciones intravítreas de fármacos antiangiogénicos, no existiendo hasta la fecha tratamiento eficaz para la variante seca, caracterizada por una atrofia progresiva de las capas antes mencionadas.
Las DHC son un grupo de enfermedades neurodegenerativas de la retina generadas por la ausencia de una codificación correcta de proteínas envueltas en la organización normal de las estructuras retinianas, el desarrollo normal del ciclo visual y el proceso de fototransducción. Actualmente, alguna variante genética de este tipo de DHC puede ser tratada precozmente con la aplicación subretiniana de vectores virales transmisores de terapia génica.
El AM es un defecto central de todas las capas de la retina a nivel foveal, generalmente idiopático, aunque en jóvenes puede estar desencadenado por traumatismos. Los estadios iniciales (1 y 2) pueden resolverse espontáneamente, pero los estadios 3 y 4 requieren tratamiento quirúrgico con vitrectomía, pelado de la membrana limitante interna y tamponamiento con gas expansible. - Problemas de la vascularización de la retina: La retina es un tejido muy sensible al aporte vascular de oxígeno y micronutrientes. Son múltiples las etiologías que pueden afectar a la correcta irrigación vascular de la retina (oclusiones arteriales, venosas, inflamatorias). Las obstrucciones venosas retinianas constituyen la segunda alteración vascular retiniana más frecuente, tras la retinopatía diabética. Deberán identificarse y tratar de forma específica cada uno de los factores de riesgo que han podido desencadenar el cuadro, y de forma general, se emplearán diferentes estrategias terapéuticas para tratar la retina isquémica y el edema macular, como son la fotocoagulación láser, anticuerpos anti-factor de crecimiento vascular endotelial (anti-VEGF) y la inyección de corticoides intravítreos/subtenonianos(4).
- Patología inflamatoria/infecciosa vitreorretiniana: Las uveítis posteriores e intermedias constituyen un amplio abanico de inflamaciones del segmento posterior de origen muy diverso. Se dividen fundamentalmente en dos grandes grupos, y debemos encuadrar cada caso en una de estas dos grandes clasificaciones antes de iniciar un tratamiento (infecciosas y no infecciosas). Los principales síntomas consisten en miodesopsias y pérdida de visión. El edema macular es una de las principales complicaciones y marcador de indicación de tratamiento. Además del tratamiento etiológico, una vez identificado, se emplearán corticoides orales, intravenosos o intravítreos asociados, en casos indicados, a inmunosupresores sistémicos.
- Patología de la interfase vitreorretiniana: El vítreo es una sustancia gelatinosa emplazada en la cavidad existente entre el cristalino y la retina que mantiene la forma y el volumen del ojo. Está constituido por fibras de colágeno, proteoglicanos, entre las cuales se emplazan moléculas de agua, formando una masa homogénea y transparente, estabilizada en este espacio anatómico mediante adherencias a nivel del nervio óptico, la mácula y la superficie anterior de la base retinocoroidea.
Con el tiempo (con mayor incidencia sobre todo a partir de los 50-60 aos) y asociado a diversos factores de riesgo (traumatismos, miopía, colagenopatías…) se puede generar una degeneración progresiva del gel vítreo, con la constitución de condensaciones o aglutinaciones que desencadenan la visión de “moscas volantes” o miodesopsias, por la proyección de su sombra sobre la retina.
El deterioro de este gel vítreo da lugar a condensaciones o aglutinaciones que pueden proyectar sombra sobre la retina y dar lugar a la conocida visión de “moscas volantes” o miodesopsias.
Otras circunstancias menos frecuentes, distintas a la degeneración vítrea primaria pueden ocasionar una pérdida de transparencia del gel vítreo, como son las hemorragias vítreas, hialosis asteroide por depósitos de colesterol y condensaciones vítreas tras procesos infecciosos/inflamatorios de vitritis.
Independientemente de la causa, cuando la composición química del vítreo se altera y el vítreo se “deshidrata”, se pierde volumen, se colapsa y al retraerse hacia el interior, la cápsula hialoides que la envuelve se despega de la retina, y en aquellos pacientes con retinas más “débiles” o “apolilladas” o en aquellos casos de “adhesiones de la hialoides a la retina” más intensas, podrían generarse poros o desgarros en la retina a través de los cuales el humor acuoso diseca la retina y podría desprender la retina. En aquellos casos en los que se detecta un desgarro/roto en la retina, pero la retina está aplicada, podemos prevenir un eventual DR, fotocoagulando con láser argón alrededor del desgarro, que generaría una quemadura a nivel de la retina-coroides que inducirá una barrera de sujeción para que el líquido no pueda disecar el epitelio pigmentario de la retina y desprender ésta.
En aquellos casos en los que la retina se desprende, el tratamiento es quirúrgico. Algunos pacientes pueden beneficiarse de una retinopexia neumática, esto es, inyectar gas expansible en la cavidad vítrea sin realizar una vitrectomía y aquellos DR más extensos o con afectación macular o inducidos por mecanismos complejos, se requerirán en la mayor parte de las ocasiones una vitrectomía (retirada del vítreo en su totalidad) y el empleo de tamponadores (gases expansibles o aceite de silicona).
Por último, casos más complejos, con desgarros gigantes, pueden requerir procedimientos de indentación escleral (cerclajes o explantes), que consisten en colocar una cinta alrededor del globo ocular para acercar la esclera a la retina y que ésta tenga más opciones de pegarse. El pronóstico de los DR dependerá de dos factores fundamentales: el tiempo de evolución y la afectación macular. Cuanto más tiempo esté la retina desprendida, las capas externas de la retina sufrirán falta de aporte vascular, al separarse las capas vasculares que irrigan la retina externa de ésta, y esto es especialmente importante si la retina se ve afectada, al ser muy sensible a la falta de aporte vascular.
Fuentes
- Ziccardi L, Cordeddu V, Gaddini L, Matteucci A, Parravano M, Malchiodi-Albedi F, et al. Gene Therapy in Retinal Dystrophies. Int J Mol Sci. 2019 Nov 14;20(22):5722.
- Pradhan D, Agarwal L, Joshi I, Kushwaha A, Aditya K, Kumari A. Internal limiting membrane peeling in macular hole surgery. Ger Med Sci. 2022;20:Doc07.
- Carnevali A, Bacherini D, Metrangolo C, Chiosi F, Viggiano P, Astarita C, et al. Long term efficacy and safety profile of dexamethasone intravitreal implant in retinal vein occlusions: a systematic review. Front Med (Lausanne). 2024 Nov 29;11.
- Heinz C, Baquet-Walscheid K. Intermediäre und posteriore Uveitis – Teil 1. Klin Monbl Augenheilkd. 2023 Dec 17;240(12):1433–47.
*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.



