Alimentación complementaria

De la mano de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), abordamos en qué consiste la alimentación complementaria, cuándo iniciarla y cuestiones como el orden de introducción de los alimentos.

¿En qué consiste la alimentación complementaria?

La alimentación complementaria (AC) se considera un proceso por el cual se ofrecen al lactante alimentos sólidos o líquidos distintos de la leche materna o de una fórmula infantil, como complemento y no como sustitución de esta.


¿Cuándo hay que iniciar la alimentación complementaria?

Desde el nacimiento hasta los seis meses de vida, los bebés solo precisan alimentación con lactancia materna o, en su defecto, fórmulas artificiales. A partir de los seis meses, se inicia una etapa en la que se requieren otros aportes, que se irán introduciendo de forma paulatina el resto de los alimentos, manteniendo la lactancia a demanda todo el tiempo que madre e hijo deseen.


¿Por qué es importante esperar hasta alrededor de los seis meses?

Para poder ingerir alimentos diferentes a la leche, es conveniente que el organismo tenga la maduración necesaria a nivel neurológico, renal, gastrointestinal e inmune. Se considera que un bebé está preparado cuando adquiere el desarrollo psicomotor que le permite manejar y tragar de forma segura los alimentos. Como cualquier otro hito del desarrollo, no todos los niños lo van a adquirir al mismo tiempo, aunque en general estos cambios suelen ocurrir en torno al sexto mes.


¿Qué requisitos deben cumplirse para iniciar la alimentación complementaria?

Los niños deben cumplir los siguientes requisitos para introducir la alimentación complementaria:

  • Presentar un interés activo por la comida.
  • La desaparición del reflejo de extrusión (expulsión de alimentos no líquidos con la lengua).
  • Ser capaz de coger comida con la mano y llevarla a la boca.
  • Mantenerse sentado con apoyo.

¿Y qué pasa si se inicia antes la alimentación complementaria?

El inicio antes del cuarto mes de la alimentación complementaria puede conllevar una serie de riesgos como:


¿Y qué pasa si esperamos mucho para introducir la alimentación complementaria?

No se recomienda demorar el inicio de la alimentación complementaria por encima de los seis meses y medio ya que esto también puede aumentar el riesgo de problemas nutricionales, entre los que se encuentran:

  • Carencia de hierro.
  • Aumento de probabilidad de alergias alimentarias.
  • Peor tolerancia a distintas texturas y sabores.

¿En qué orden debemos introducir los alimentos?

Las recomendaciones han cambiado numerosas veces en los últimos años. Además, las pautas varían mucho entre regiones y culturas. Lo importante es que no se deben dar “instrucciones” rígidas y sí introducir alimentos de uno en uno con intervalos de unos días para observar la tolerancia y aceptación, sin añadir sal, azúcar ni edulcorantes.

El calendario orientativo sería:

  • Cereales.
  • Frutas (sin excepción).
  • Hortalizas.
  • Legumbres.
  • Huevo cocinado (sin distinción entre yema y clara).
  • Carne.
  • Pollo.
  • Pescado.
  • Aceite de oliva.

Algunas excepciones son:

  • Verduras de hoja verde como acelgas y espinacas: no se recomiendan hasta los 12 meses por la presencia de nitratos.
  • Pescados azules de gran tamaño (emperador, pez espada, cazón, tintorera y atún): por su contenido en mercurio, mejor esperar hasta los 10 años, según las últimas recomendaciones.
  • Queso y yogur natural a partir de los 9 meses.
  • Leche de vaca entera a partir de los 12 meses: no se recomiendan las “leches de crecimiento”, ya que no aportan ventajas frente a la leche de vaca normal.
  • Frutos secos y otros sólidos: debido al riesgo de atragantamiento, es recomendable esperar hasta los 4-5 años. Los frutos secos sí se pueden introducir desde los 6 meses si son en forma de polvo o cremas.
  • Alimentos superfluos (cacao, miel, azúcar, bollería, etc.): cuanto más tarde y en menor cantidad, mejor, y nunca antes de los 12 meses. En el caso de la miel puede haber riesgo de botulismo.

¿Cuáles son las cantidades adecuadas en la alimentación complementaria?

Las porciones han de ser pequeñas al principio y aumentarse progresivamente según crece el niño, aunque será diferente en función del alimento ofrecido. También habrá días o momentos del día en que les apetezca comer más y otros que, por diversos motivos (como infecciones), coman menos, pero siempre es importante no forzar.

En cuanto a texturas, se debe comenzar con grumosas y semisólidas lo antes posible, nunca más tarde de los 8-9 meses.

Un rechazo inicial a un nuevo alimento no debe interpretarse como un rechazo permanente. Es conveniente seguir ofreciéndolo los siguientes días o semanas sin presionar. La exposición regular y gradual a los alimentos favorece su tolerancia y aceptación.


¿Cuándo debemos introducir el gluten?

El gluten se recomienda introducir entre los 4 y los 11 meses, idealmente alrededor del sexto mes, y en pequeñas cantidades al inicio.


¿Y cómo lo introducimos? ¿Son necesarios los tan conocidos ‘cereales infantiles’?

Este tipo de producto no es necesario introducirlo en ningún momento de la alimentación del lactante, pese a ser una costumbre muy arraigada. Por el contenido en azúcares, ofrecer cereales en polvo disueltos en el biberón predispone a la aparición de caries.

Podemos aportar gluten de muchas otras formas como en pan, pasta, harinas, etc., dando preferencia a los integrales.

En caso de querer ofrecerlos, la recomendación es evitar aquellos que tengan miel o azúcares añadidos en su composición.


¿Es necesario esperar hasta los 18 meses para introducir determinadas frutas como el melocotón o la fresa por el riesgo de alergia?

Actualmente no hay evidencia de que retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos más allá de los 6 meses prevenga el desarrollo de alergia a estos. Por este motivo, todas las frutas son aptas desde el inicio de la alimentación complementaria.


¿Y los zumos son saludables?

Los zumos de frutas no ofrecen ningún beneficio frente a la fruta entera y sí conllevan más riesgo de sobrepeso y caries.


¿Qué pasa si mi hijo es prematuro?

Es importante reconocer las señales que indican que el bebé está listo para comenzar con otros alimentos, según su desarrollo motor, ya que no todos los niños van a adquirir estas capacidades a la misma edad. Por tanto, el comienzo de la alimentación complementaria en el lactante nacido prematuro debe individualizarse.

Con base en la evidencia limitada disponible, una edad corregida de seis meses puede ser apropiada para comenzar a introducir alimentos sólidos para la mayoría de los recién nacidos prematuros. Estos se introducirán de la misma forma que en un bebé nacido a término.


¿Qué es el Baby-Led Weaning (BLW)?

El BLW es una forma de ofrecer la alimentación complementaria en la que al bebé se le permite “dirigir” el proceso desde el principio. Los padres deciden qué ofrecen (y es su responsabilidad ofrecer comida sana, segura y variada), pero el bebé coge por sí mismo la comida que se pone a su alcance, decidiendo qué elige comer y cuánta cantidad.

El BLW es una forma de ofrecer la alimentación complementaria .
El BLW permite al bebé coger por sí mismo la comida puesta a su alcance.

A la hora de ponerlo en práctica, deben seguirse las siguientes pautas:

  • El bebé se sienta a la mesa con la familia en las comidas.
  • Se le ofrece la misma comida (sana) que al resto, en trozos de alimentos de consistencia blanda y apropiados a su desarrollo psicomotor (grandes al principio y, posteriormente, pequeños).
  • El bebé se alimenta por sí solo desde el principio. Al comienzo lo hará con las manos y posteriormente con cubiertos.
  • A partir del momento en que se inicia el BLW, el aporte de leche (materna o artificial) continúa siendo a demanda, sin relación con los momentos familiares de la comida.

¿El BLW es válido para todos los bebés?

El BLW se ha estudiado en niños nacidos a término, sanos y con un desarrollo psicomotor normal, tanto alimentados al pecho como con lactancia artificial. Con la información y precaución adecuadas, la mayoría de las familias pueden practicar BLW de forma segura y eficaz.

En niños prematuros se podría valorar individualmente, pero siempre atendiendo a la edad corregida de seis meses. No se recomienda en niños con fallo de medro (que no gana bien peso), dificultades neurológicas o motoras.

Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.


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