Desnutrición

La desnutrición es una afección derivada de la ingesta insuficiente o inadecuada de calorías o de nutrientes como las proteínas que el organismo necesita para funcionar correctamente
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¿Qué es la desnutrición?

La desnutrición es una afección derivada de la ingesta insuficiente o inadecuada de calorías o de nutrientes como las proteínas que el organismo necesita para funcionar correctamente. Habitualmente se acompaña de déficit de vitaminas y minerales.

Se trata de un tipo de malnutrición que puede deberse tanto a la falta de acceso a los nutrientes esenciales —desnutrición primaria— como a la imposibilidad de absorberlos —desnutrición secundaria—.

También puede darse desnutrición si las necesidades calóricas son muy altas (por ejemplo en épocas de rápido crecimiento) pero la alimentación no está ajustada a esa necesidad.

Cuando el organismo no obtiene suficientes calorías para sus necesidades pasa a consumir la grasa corporal y, una vez agotada esta, consume proteínas, especialmente del músculo.

Cuando se trata de desnutrición crónica o recurrente, suele estar asociada a situaciones de pobreza, alimentación inapropiada, salud materna deficiente o falta de atención en los primeros años de vida en el caso de los niños y, en el de los adultos mayores, a enfermedades crónicas o degenerativas como el párkinson o el alzhéimer.

Aunque puede ser reversible y la mayoría de las deficiencias nutricionales que causa se pueden corregir, de no tratarse puede llegar a provocar trastornos irreparables en la salud como discapacidad mental y física e, incluso, causar la muerte.


¿A quién afecta?

La desnutrición afecta a millones de personas en todo el mundo. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), están relacionadas con ella aproximadamente la mitad de las defunciones de niños menores de cinco años, que se registran principalmente en países con bajos o medianos ingresos o elevadas tasas de inseguridad alimentaria.


¿Qué factores aumentan el riesgo de desnutrición?

Pueden incrementar el riesgo de sufrir desnutrición los siguientes factores:

  • La edad. Los niños y las personas mayores de 65 años tienen más posibilidades de padecerla; en este segundo caso, debido a que la sensación de hambre y sed es más difícil de percibir al envejecer y, sobre todo en países en vías de desarrollo, una mayor dificultad para conseguir alimento. La desnutrición es, de hecho, el tipo más común de malnutrición en los adultos mayores, especialmente común en los que están institucionalizados (hospitales, hogares de ancianos o centros de rehabilitación).
  • Enfermedades crónicas que alteren la absorción y/o el metabolismo de nutrientes como la diarrea o afecciones y trastornos que afectan al metabolismo como el sida o algunos tipos de cáncer.
  • Problemas de salud mental como la anorexia nerviosa o trastornos como la depresión.
  • Condiciones que aumenten de manera importante la necesidad de calorías como los periodos de rápido crecimiento, la práctica de ejercicio intenso, la fiebre alta, el embarazo o las infecciones graves.
  • El uso de medicamentos que provoquen falta de apetito, náuseas y vómitos, o que dificulten el masticado, la deglución o el correcto funcionamiento del tracto intestinal. También aquellos que aumentan el metabolismo y por tanto la necesidad de calorías y nutrientes.
  • El aislamiento social y/o la movilidad limitada.
  • La dificultad para acceder a alimentos suficientes y variados.
  • Tener bajos ingresos.
  • No contar con suficientes conocimientos sobre nutrición.
  • El tabaquismo o el alcoholismo.

¿Qué tipos existen según su causa?

En función de su causa, como se comentaba al inicio, podemos hablar de los siguientes tipos de desnutrición:

  • Desnutrición primaria. Está causada por la falta de acceso a los nutrientes en la alimentación.
  • Desnutrición secundaria. El organismo no puede absorber y aprovechar correctamente los nutrientes debido a algún problema de salud, condición física o circunstancia. Suele ocurrir en las siguientes situaciones:
    • Trastornos que afectan a la función gastrointestinal como insuficiencia pancreática.
    • Trastornos consuntivos: como cáncer, EPOC, insuficiencia cardiaca avanzada, SIDA…
    • Aumento de demanda metabólica. Infecciones, hipertiroidismo, quemaduras graves, traumatismos o cirugía.
  • Mixta. Se produce cuando se conjugan las dos situaciones anteriores: no es posible el acceso a los alimentos y, además, el organismo no es capaz de aprovecharlos de una manera adecuada cuando los recibe.

¿Qué es la desnutrición calórico-proteica?

En estos casos, la desnutrición crónica tiene 3 formas frecuentes, especialmente en niños :

  • Marasmo. Es un tipo de desnutrición crónica grave provocada por la carencia prolongada de calorías y nutrientes, que conduce a la deshidratación y a una pérdida severa de peso, músculo y grasa. Afecta sobre todo a lactantes y niños de edad temprana, aunque en algunas ocasiones afecta a adultos, especialmente como consecuencia de trastornos como la anorexia nerviosa, que llevan a la persona a evitar el alimento de manera voluntaria con la intención de adelgazar, o de enfermedades degenerativas como el Parkinson o el Alzheimer —que pueden llevar a la pérdida de apetito y a problemas para masticar y tragar—.
  • Kwashiorkor. Se trata de una forma menos frecuente,  aguda y severa de desnutrición causada por un déficit grave en la ingesta de proteína, consecuencia, normalmente, de un consumo insuficiente de alimentos —y, por tanto, de energía-. Aparece de forma rápida y provoca grandes desajustes en el metabolismo, aunque la apariencia de la persona no los manifiesta. Puede ocurrir bien por una pérdida del apetito, bien porque una enfermedad o trastorno ha incrementado la demanda del organismo de nutrientes, especialmente de proteínas. Afecta sobre todo a niños tras el abandono temprano de la lactancia materna en regiones subdesarrolladas. También aparece con frecuencia en gastroenteritis en niños que ya tienen desnutrición. Suele limitarse a regiones a ciertas zonas, como el África rural, Caribe e islas del Pacífico donde los alimentos son pobres en proteínas y ricos en hidratos de carbono. Los niños afectados presentan retraso en el crecimiento, cabello anormalmente rubio, escaso y quebradizo y zonas cutáneas hipopigmentadas. En raras ocasiones también puede presentarse en adultos que sufran enfermedades crónicas u otros trastornos, o cuya dieta se componga principalmente de hidratos de carbono.
  • Mixta o kwashiorkor marasmático. Se trata de la combinación de kwashiorkor y marasmo y constituye el tipo más grave de desnutrición, ya que afecta tanto a la masa muscular como a las reservas de grasa y proteínas del organismo. Puede darse si, a una ingesta insuficiente de alimentos, se suma, por ejemplo, una enfermedad o trastorno agudo como una infección respiratoria, un tratamiento para el cáncer o una fractura de cadera. Es habitual cuando un niño con kwashiorkor no consume suficientes calorías.
  • Inanición: es la forma más extrema y es el resultado de una falta total de nutrientes de forma prolongada. Suele  ocurrir en hambrunas pero también en anorexia nerviosa o ayunos prolongados.

En todas estas formas de presentación la inmunidad está alterada con lo que las infecciones son muy frecuentes.


¿Cuáles son sus síntomas y qué enfermedades puede causar?

Aunque dependerá del tipo de desnutrición, esta puede manifestarse con síntomas como los siguientes:

  • Pérdida de peso progresiva, involuntaria en la mayoría de las ocasiones.
  • Inapetencia o falta de interés por la comida y bebida.
  • Pérdida de masa muscular y grasa.
  • Fatiga.
  • Debilidad muscular.
  • Mareos y desmayos.
  • Piel seca.
  • Cabello y uñas frágiles.
  • Disminución de la concentración y problemas cognitivos.
  • Apatía e irritabilidad.
  • Sistema inmunológico debilitado, lo cual aumenta la frecuencia y duración de las infecciones como las de las vías urinarias o de las respiratorias.
  • Cicatrización de las heridas más lenta.
  • Menor temperatura corporal, lo que origina una sensación permanente de frío.
  • En casos graves de kwashiorkor, retención de líquidos que da lugar a la hinchazón de pies, manos y abdomen.
  • En mujeres, periodos menstruales irregulares.
  • En niños, crecimiento o desarrollo lentos.
  • En adultos mayores, menor fuerza de agarre al sostener utensilios o cargar pesos.

¿Cómo se cura la desnutrición?

Generalmente, el tratamiento consiste en reponer los nutrientes que faltan mediante el incremento progresivo del número de calorías en la dieta. Al inicio, es conveniente consumir pequeñas cantidades varias veces al día de alimentos muy nutritivos. En algunos casos, puede ser necesaria también la administración de suplementos multivitamínicos.

Si la desnutrición es grave, puede ser necesaria la hospitalización para recurrir a la alimentación por sonda —mediante un tubo que se introduce por la garganta hasta el estómago— o por vía intravenosa —mediante un tubo insertado en una vena—. Se requiere la primera en casos de gravedad en los que el tracto digestivo de la persona funciona con normalidad, pero tiene dificultades para deglutir. En cambio, se recurre a la alimentación vía intravenosa cuando el intestino de la persona no puede absorber los nutrientes o debe mantenerse el conducto digestivo sin alimentos temporalmente.

En caso de desnutrición severa, puede ser necesario el uso de fármacos para estimular el apetito o aumentar la masa muscular.

Asimismo, deberá tratarse cualquier enfermedad o trastorno subyacente, como, por ejemplo, la anorexia nerviosa, la diarrea o el párkinson.

Consejos para prevenir la desnutrición

En los casos de riesgo, seguir las siguientes recomendaciones puede contribuir a prevenir la desnutrición:

  1. 1. Come de todo y en las cantidades adecuadas. Para conseguirlo, la dieta mediterránea es la mejor aliada. Se caracteriza por un elevado consumo de cereales, frutas, verduras y legumbres; una alta presencia del pescado y algo menos de carnes blancas y lácteos, así como una ingesta baja de carnes rojas. Las grasas han de ser de origen vegetal como, por ejemplo, el aceite virgen de oliva o los frutos secos.
  2. 2. Aumenta el número de comidas al día. Es preferible consumir pequeñas cantidades de alimentos a lo largo del día en vez de realizar dos o tres comidas grandes.
  3. 3. Vigila tu peso. Tú médico o tu nutricionista te informará acerca de qué valores son los indicados para ti en función de tu sexo, edad, constitución y estado general de salud. Como orientación, también puedes consultar tu Índice de Masa Corporal, un valor que resulta de dividir el peso en kilogramos por la altura en metros cuadrados. Para adultos de hasta 65 años, se consideran normales cifras de entre 18,5 y 25 kg/m2, mientras que, a partir de esa edad, aumentan a entre 22,5 y 27,5 kg / m2.
  4. 4. Si lo pierdes, vigila cómo lo haces. Sea cual sea tu IMC, si pierdes peso de manera involuntaria -por ejemplo, porque pierdes el apetito o tienes problemas para deglutir o acceder a los alimentos-, puedes tener riesgo de desnutrición, especialmente si la pérdida se produce con rapidez. En este caso, acude a tu médico, quien evaluará tu caso con las pruebas oportunas y establecerá el tratamiento adecuado si fuera necesario.
  5. 5. Revisa tu medicación habitual. Solicita a tu médico o farmacéutico que revise los fármacos que tomas más a menudo para detectar efectos secundarios que pueden estar afectando a tu apetito o dificultando la absorción de nutrientes por tu intestino.
  6. 6. En el caso de problemas para deglutir, cambia a alimentos más blandos. Por ejemplo, incorpora a tu dieta huevos, pescado y yogur. También puedes triturar los alimentos más sólidos y reemplazar el agua con bebidas altas en calorías como la leche entera, las bebidas proteicas y los zumos de frutas naturales, siempre bajo supervisión médica.
  7. 7. Consulta con tu médico la posibilidad de fortificar tus alimentos. Siempre que no exista contraindicación, agregar aceite saludables, leche entera u otros alimentos ricos en calorías a la dieta puede ayudar a combatir la desnutrición.
  8. 8. Lleva un estilo de vida saludable. Además de una dieta variada y equilibrada que incluya todos los nutrientes esenciales, es conveniente que te hidrates adecuadamente, practiques ejercicio físico con regularidad y trates de mantener un estado de ánimo positivo.

Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.