Esquizofrenia

De la mano de la Sociedad Española para el avance de la Psicología Clínica y de la Salud (SEPCYS), abordamos la esquizofrenia, sus causas, síntomas, tratamiento y claves para su prevención.

¿Qué es la esquizofrenia?

La esquizofrenia es una de las manifestaciones más graves de psicosis; es un trastorno en el que funciones fundamentales del ser humano, como son los pensamientos, los sentimientos, la percepción e interpretación de la realidad y la conducta están distorsionados.

La esquizofrenia no se manifiesta de forma idéntica en todas las personas que la padecen, sino que ofrece una gran variabilidad en sus síntomas, al igual que sucede con otras condiciones clínicas y enfermedades complejas.


¿A quién afecta?

Este trastorno se presenta en todas las culturas y clases sociales. Afecta al menos a 26 millones de personas en todo el mundo y, cada año, aproximadamente 1,5 millones reciben este diagnóstico.

El primer episodio de esquizofrenia suele manifestarse en la temprana juventud o en la década de los 20 años, y se presenta 3 o 4 años antes en el varón que en la mujer; por lo que suele perjudicar su vida de forma más dramática, al truncar pronto su formación.


¿Cuáles son las causas de la esquizofrenia?

La esquizofrenia no tiene una única causa, sino que viene determinada por la coincidencia de múltiples factores.

En concreto, el ‘modelo de vulnerabilidad-estrés’ es una formulación teórica muy contrastada sobre el origen de una psicosis, que combina múltiples factores causales:

  • Predisposición genética: hay personas más vulnerables o predispuestas que otras para desarrollar los síntomas de psicosis y, particularmente, de esquizofrenia.
  • Alteraciones bioquímicas.
  • Resultado de daño adquirido en ciertas estructuras cerebrales: conocidas como anomalías en el neuro-desarrollo.

Sin embargo, para que el trastorno mental se manifieste, es necesario que sea desencadenado también por procesos ambientales, que pueden ser:

Existen diferentes problemas o dolencias que pueden afectar a esta articulación. Las más típicas son:

  • Biológicos: por ejemplo, el consumo de drogas -como cannabis, LSD, cocaína…-.
  • Psicológicos: por ejemplo, experiencias vitales estresantes, abusos físicos, psíquicos o sexuales; traumas, condiciones de vida problemáticas por conflictos familiares, de índole escolar o laboral; emigración, pobreza, etc.

Aun así, el grado de vulnerabilidad y la intensidad del estrés ambiental necesarios para desencadenar la esquizofrenia difiere de una persona a otra, ya que también existen:

  • Factores de protección personales: por ejemplo, la inteligencia, las habilidades sociales o las capacidades para resolver problemas.
  • Factores ambientales: como el apoyo familiar o social, que pueden atenuar el riesgo de psicosis en personas constitucionalmente predispuestas.

En resumen, los estudios sobre personas vulnerables o de alto riesgo indican que, cuando experimentan situaciones de estrés de diverso tipo, se desencadena más fácilmente la esquizofrenia.


¿Con qué síntomas se manifiesta la esquizofrenia?

Los síntomas de la esquizofrenia se pueden resumir en tres grupos, según su naturaleza y origen:

  • Síntomas positivos: hacen alusión a experiencias extrañas y a la presencia de determinados fenómenos que no son normales. Entre ellos se incluyen:
    -Alucinaciones, predominantemente auditivas.
    -Delirios, pensamientos extraños y desconfianza.
    -Distorsión de las percepciones de la realidad.
  • Síntomas negativos: hacen referencia a carencias y déficits, e indican que la persona ha dejado de poner en práctica conductas normales. Es el caso de:
    -Emociones aplanadas o apagadas (pobre expresividad afectiva).
    -Falta de motivación o energía (abulia, apatía).
    -Ausencia de placer o interés por las cosas (anhedonia).
    -Lenguaje escaso y pobre o sin contenido (alogia).
  • Síntomas de desorganización: son también el resultado de graves alteraciones del lenguaje, las emociones y la conducta, e incluyen:
    -Pensamiento confuso y lenguaje incoherente.
    -Conducta emocional inadecuada.
    -Comportamientos extraños.

Las graves perturbaciones en la percepción de la realidad y en el pensamiento suelen provocar también otros problemas, como ansiedad, miedo o pánico, que son reacciones naturales ante experiencias amenazantes y terroríficas. Por ello, la persona con esquizofrenia necesita comprensión, paciencia y la expresión, por parte de la familia y de los demás, de que no va a ser abandonada. Cuando aparecen o se reactivan los síntomas de psicosis, se describe dicho estado como un «episodio o brote psicótico».


¿Qué complicaciones conlleva la esquizofrenia?

La esquizofrenia no es un trastorno que presenta un curso crónico y uniforme en la sintomatología, sino que evoluciona por fases, desde el inicio de los síntomas (o fase prodrómica) hasta la recuperación clínica:

  • Fase prodrómica: se caracteriza por síntomas negativos y diversos cambios en relación con la personalidad previa (aislamiento, deterioro escolar o laboral, irritabilidad, depresión, confusión, alteraciones del sueño, falta de apetito, falta de energía…).
  • Fase activa o de recaída: viene determinada por la aparición de los síntomas positivos (delirios, alucinaciones, trastornos del pensamiento y agitación motora o agresividad).
  • Fase residual: con vuelta al predominio de los síntomas negativos (empobrecimiento del lenguaje y del pensamiento, pobre expresión de emociones, abandono en la higiene personal, etc.) Fase de recuperación: con la estabilización de los síntomas o mejoría clínica, así como del nivel de funcionamiento social, escolar o laboral.

¿Tiene tratamiento la esquizofrenia?

La esquizofrenia debe ser tratada mediante varias formas de intervención:

  • Farmacológica: tratamientos antipsicóticos (neurolépticos) para reducir el riesgo de recaídas y la vulnerabilidad biológica. Los antipsicóticos, sin embargo, no suelen solucionar plenamente el trastorno y el 80% de los pacientes con esquizofrenia presenta mala evolución en seguimientos de 5 años, a pesar de tomar dicha medicación.
  • Psicosocial: incluyen terapia cognitiva, técnicas de reducción del estrés, entrenamiento en habilidades sociales y rehabilitación laboral.
  • Psicoeducativa: para que el paciente conozca la naturaleza del trastorno y las causas que lo producen, aprenda a prevenir las recaídas y manejar los síntomas, y también para enseñar a las familias a solucionar los problemas derivados del trastorno y a crear un ambiente favorable.

¿Se puede prevenir la esquizofrenia?

Se ha demostrado reiteradamente que cuanto antes se inicien los tratamientos en el paciente con esquizofrenia, mejor será el pronóstico; sin embargo, es muy frecuente que se produzcan retrasos en el diagnóstico y abordaje de esta enfermedad, debido, generalmente, a diversos motivos:

La persona con esquizofrenia precisa comprensión y apoyo por parte de su entorno.
  • Dificultad en la detección de la psicosis: por la errónea interpretación que familiares y amigos hacen de los primeros síntomas, al considerarlos conductas normales en la adolescencia.
  • Aparición lenta y enmascarada de los síntomas: retraimiento social e ideas delirantes de persecución.
  • Escasa información sobre temas de salud mental.
  • Resistencia a buscar ayuda: por tendencia a negar o trivializar los problemas, por creer que pueden resolverse sin ayuda o por el estigma asociado a los trastornos mentales.
  • Falta de confianza en los profesionales sanitarios o desconocimiento de los recursos disponibles.
  • Servicios no suficientemente preparados para el tratamiento de las formas tempranas de psicosis.

10 consejos ante el diagnóstico de esquizofrenia

Las lesiones y problemas de la rodilla pueden prevenirse o aliviarse, si se tienen en cuenta una serie de sencillas recomendaciones:

  • 1.Evita consumir drogas.
    Empeorarás el curso clínico de la esquizofrenia y restarás eficacia a la medicación antipsicótica.
  • 2. Sigue las pautas recomendadas por los profesionales sanitarios.
    Recuerda que cuanto antes inicies el tratamiento, mejor será el pronóstico.
  • 3. Aprende a reducir y manejar el estrés.
    Para conseguirlo, evita personas o situaciones que te hacen sentir mal.
  • 4. Recuerda que las voces que crees escuchar no proceden del exterior.
    Toma el control sobre ellas aprendiendo con tu terapeuta a manejarlas o controlarlas.
  • 5. Conoce tu perfil de recaída o las ‘señales de alarma’.
    Ante cualquier cambio, pide ayuda a tu psiquiatra o psicólogo.
  • 6. Mantente activo y físicamente bien.
    Practica ejercicio regularmente y cuida tu alimentación.
  • 7. Márcate metas.
    Empieza por cosas sencillas, como levantarte de la cama o asearte, y sigue con otras más importantes, como volver a los estudios o conseguir un trabajo.
  • 8. Busca el apoyo de la familia o de amistades.
    Te harán sentir cómodo y feliz y te ayudarán en tu recuperación.
  • 9. No te dejes arrastrar por pensamientos negativos y críticos contigo mismo.
    Dañarán tu autoestima, disminuirán tu motivación y te harán sentir con menos energía.
  • 10. Evita reacciones negativas de la familia.
    Desecha sentimientos de culpa o vergüenza y haz, en lo posible, vida normal.
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