Fotofobia

Publicado el 2 junio, 2025
Revisado el 3 junio, 2025
¿Qué es?Cinfaconsejos

¿Qué es la fotofobia?

La fotofobia es la intolerancia anormal y extrema a la luz. Aunque no se trata de una enfermedad en sí misma, puede ser un síntoma de otros muchos trastornos como la migraña, el ojo seco o diversas lesiones oculares.

A pesar de que el término fotofobia significa literalmente miedo o fobia a la luz, en realidad se refiere, tal y como se indicaba en el párrafo anterior, a hipersensibilidad. Aunque cualquier fuente de luz puede resultar muy molesta, pueden desencadenarla especialmente los fluorescentes brillantes y las variaciones en los niveles de luz, incluso aunque esta sea natural.

La raíz de este trastorno, que puede ser transitorio, persistente o crónico y que puede presentar distintos grados de intensidad, puede tener múltiples causas, tanto enfermedades del ojo como neurológicas, sistémicas o por toma de ciertos medicamentos y sustancias.

En los casos más graves, la hipersensibilidad a la luz provoca un notable impacto en la calidad de vida de la persona, ya que puede dificultar llevar a cabo actividades cotidianas como ir al supermercado o participar en actividades al aire libre. La persona con fotofobia puede sufrir además una disminución de la productividad, lo que le puede repercutir también negativamente en el ámbito laboral. Todo ello puede hacer, en casos extremos, que se retire a una completa oscuridad.


¿Cuáles son las causas de la fotofobia?

Cómo se comentaba anteriormente, la fotofobia puede tener múltiples causas. Entre las crónicas, la más frecuente parece tener una raíz neurológica, ya que en su aparición está involucrado el nervio trigémino, uno de los más importantes del sistema nervioso periférico. Este nervio conecta la cara con el tronco encefálico del cerebro y, entre sus funciones, se encuentra dotar de sensibilidad a gran parte del rostro y controlar funciones motoras como la masticación.

Este nervio, uno de los más sensibles del cuerpo humano, se divide en tres ramas principales: la oftálmica, la maxilar y la mandibular. En las personas con fotosensibilidad, el exceso o las variaciones de luz estimulan los receptores del dolor que se encuentran en el nervio trigémino, lo que da lugar a los distintos síntomas.

Además, como se comentaba al inicio, la hipersensibilidad a la luz puede ser síntoma de otras enfermedades y trastornos como los siguientes:

  • Migraña u otros trastornos crónicos del dolor de cabeza como la cefalea en racimo.
  • Ojo seco.
  • Lesiones en el ojo como úlceras, abrasiones corneales o rasguños.
  • Presencia de un cuerpo extraño en el globo ocular.
  • Fibromialgia.
  • Albinismo —en este caso, hay una ausencia total de color en los ojos—.
  • Desórdenes del espectro autista.
  • Blefarospasmo.
  • Síndrome de conmoción cerebral y postconmoción cerebral.
  • Depresión.
  • Meningitis.
  • Gripe.
  • Trastorno funcional neurológico.
  • Enfermedad de Lyme.
  • Glaucoma.
  • Síndrome de Sjogren
  • Inflamaciones agudas del ojo como la iritis, la uveítis o la blefaritis.
  • Infecciones como la conjuntivitis o la queratitis herpética.

Por último, pueden desencadenar fotofobia factores externos como las siguientes:

  • El uso de medicamentos como los recetados para tratar la diabetes, la epilepsia, la disfunción eréctil o algunos tipos de medicamentos de quimioterapia.
  • Uso de determinadas drogas como los canabinoides
  • Quemaduras de sol en los ojos.
  • Haberse sometido recientemente a una cirugía ocular o a una revisión en la que se dilatan las pupilas con gotas.
  • Irritación provocada por llevar demasiadas horas las lentes de contacto, por un mal ajuste de estas o por no mantener una higiene adecuada en su uso.
  • Conductas de evitación extrema de la luz como usar gafas de sol en interiores o permanecer a oscuras en una habitación de manera habitual.
  • En el otro extremo, la exposición inadecuada o prolongada a la luz brillante.

¿Qué factores aumentan el riesgo de padecerla?

Existen diversos factores internos que aumentan la probabilidad de sufrir fotofobia como el tener pupilas grandes u ojos de color claro, ya que, en este caso, el iris cuenta con menor cantidad de pigmento para bloquear las luces brillantes.


¿Con qué síntomas se manifiesta?

La fotofobia puede manifestarse con signos y síntomas como los siguientes:

  • Intolerancia a la luz, especialmente a luz solar y entre las fuentes artificiales a los fluorescentes.
  • Dolor, sensación de incomodidad o molestias oculares.
  • Secreciones.
  • Picor y parpadeo y/o lagrimeo excesivo.
  • Ojos enrojecidos.
  • Visión borrosa o doble.
  • Dolor de cabeza o ataque de migraña.
  • Inflamación ocular.
  • Vértigo o mareo.
  • Náuseas.
  • Falta de aliento.
  • Opresión en el pecho.
  • Mareo.
  • Fiebre.
  • Síntomas psicológicos como irritabilidad, cambios en el estado de ánimo, agresividad y depresión.

¿Cómo se trata la fotofobia?

En la actualidad, no existen medicamentos específicos que permitan curar la fotofobia y la sensibilidad a la luz dolorosa, pero sí se puede tratar la enfermedad o problema subyacente. Por ejemplo, la migraña puede mitigarse con medicamentos específicos para este trastorno o introduciendo cambios en el estilo de vida.

En caso de ojo seco, el uso de lágrimas artificiales puede mejorar la hidratación; si existiera inflamación ocular, puede recurrirse a los esteroides y, en caso de infección bacteriana o vírica, a los antibióticos y antivirales respectivamente.

Si la fotofobia es un efecto secundario de algún medicamento, el médico deberá reajustar la dosis o elegir un fármaco alternativo.

Recomendaciones para aliviar la fotofobia

En caso de sufrir hipersensibilidad a la luz, seguir los siguientes consejos puede contribuir a reducir o suavizar los síntomas:

  1. 1. Evita la luz cuando sea posible. Si el dolor y las molestias son muy intensas, apaga las luces de la estancia en la que te encuentres, baja las persianas y cierra las cortinas.
  2. 2. Usa gafas de sol y sombrero en exteriores. Ambos te ayudarán a disminuir la exposición a la luz, siempre y cuando te cubran bien los ojos. Preferiblemente, las gafas de sol deben ser polarizadas, ya que este tipo de lente repele algunas longitudes de onda de luz solar y elimina los brillos que se generan en superficies horizontales. También han de contar con filtros homologados que bloqueen las radiaciones UVA/UVB. Otra opción son las gafas de sol con lentes fotocromáticas, que se tornan más oscuras o claras en función de la luz.
  3. 3. Regula la iluminación de tu casa y de lugar de trabajo. Utiliza la luz natural siempre que sea posible en interiores y asegúrate de que la artificial es cálida. Para ello, reemplaza cualquier bombilla fluorescente o blanca fría con una blanca cálida. También puedes usar filtros interiores o instalar dispositivos reguladores que atenúen la intensidad de la luz. Reemplaza enseguida cualquier bombilla que parpadee. 
  4. 4. Reduce el tiempo que pasas delante de una pantalla. Además, instala filtros en tu teléfono, ordenador o cualquier otro dispositivo electrónico que permita esta opción. Asimismo, ajusta la configuración de la pantalla para regular el brillo.
  5. 5. Mantén una buena higiene ocular en el día a día. Lávate las manos con agua y jabón antes de tocarte los ojos y evita el uso de cosméticos o productos irritantes. Si te maquillas los ojos, retírate el producto con cuidado antes de irte a dormir y asegurándote de que no quedan restos.
  6. 6. No uses lentes de contacto. En caso de que sea inevitable, extrema la higiene y no abuses del número de horas que las llevas puestas.
  7. 7. Hidrátate los ojos adecuadamente. Aplícate el número de gotas que te indique el médico asegurándote de que la punta del gotero no entra en contacto con ninguna superficie ni con los propios ojos. Cuando se caduque o si se ha contaminado, desecha el envase y hazte con uno nuevo.
  8. 8. Acude al médico si el dolor ocular es intenso. Si este u otros síntomas persisten tras unos días o si empiezan a afectar a tu calidad de vida, consulta a tu médico con el fin de que este investigue la causa y te prescriba el tratamiento adecuado para mitigar los síntomas.

Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.