Lactancia y medicamentos

Con motivo de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, conocemos de la mano de Daniel Morillas, vicepresidente Federación Asociaciones de Matronas de España – FAME, las claves en materia de lactancia materna y uso de medicamentos.

¿Qué es la lactancia materna?

La OMS  recomienda que la lactancia materna sea el alimento exclusivo para el lactante durante los primeros 6 meses, complementando con otros alimentos hasta los dos años de vida o hasta que la madre o su hijo/a decidan dejarlo (UNICEF, 2015). Son múltiples los beneficios que la leche materna aporta tanto a la madre, como al recién nacido por no hablar sobre la repercusión positiva sobre el medio ambiente, la economía global y familiar.

Resulta altamente probable que durante el tiempo en el que se establezca la lactancia, prácticamente todas las madres lactantes van a tener que utilizar de forma puntual o crónica algún tipo de fármaco. En este contexto surgen muchas dudas sobre la pertinencia o no de compaginar determinados fármacos con la lactancia misma.

  • ¿Es seguro este fármaco para mi hijo/a?
  • En caso de no existir información clara, ¿qué he de tener en cuenta a la hora de tomar un medicamento?.
  • ¿Superan los beneficios de la lactancia a los posibles efectos del fármaco que voy a tomar?
  • ¿Se puede hacer algo para minimizar el paso del fármaco durante la toma?

A estas preguntas hay que sumarle que en muchas ocasiones, la información que llega a la población se obtiene de fuentes poco fiables o están incompletas. Para esto nada más sencillo que seguir criterios científicos y utilizar el sentido común.


¿Qué debo tener en cuenta sobre medicamentos y lactancia materna?

Antes de nada conviene definir unos conceptos muy útiles para compaginar un tratamiento farmacológico con la lactancia materna:

  • Tiempo máximo: es el momento en el que el fármaco alcanza los valores máximos en sangre materna.
  • Tiempo ½: es el tiempo que tarda la concentración de un fármaco en disminuir a la mitad de su valor inicial (dosis).
  • Dosis: es la cantidad de medicamento que contiene la medida exacta de principio activo para que éste sea eficaz, efectivo y seguro para el paciente y le resuelva el problema de salud para el que ha estado indicado.
  • Dosis teórica del lactante: cantidad teórica máxima (en mg/Kg/día) que puede recibir un lactante de la medicación que toma su madre, estimándola a partir de concentraciones publicadas de ese medicamento en la leche materna.
  • Dosis relativa del lactante: es el porcentaje de la dosis materna de un medicamento que llega al lactante. Se consideran seguras cifras inferiores al 10%.

¿Cómo influye la medicación en la lactancia materna?

Los medicamentos administrados a la madre por vía oral, intravenosa o intramuscular, alcanzan el torrente sanguíneo y de aquí, al ser procesados por los lactocitos (células que producen la leche) pueden pasar a la leche materna, esto paso no va a ocurrir con los medicamentos de uso tópico aplicados en la piel, oído u ojos. En el caso de los medicamentos inhalados para tratamiento de asma y rinitis (broncodilatadores y corticoides) ocurre una absorción sistémica muy escasa, por lo tanto podemos considerar que alcanzaran niveles muy bajos en la leche. Mención aparte merecen los medicamentos con alto peso molecular, fuertemente unidos a proteínas, con un volumen de distribución alto, que no son procesados con facilidad por el lactocito.

Una vez que el lactante ingiere leche que contiene una determinada cantidad de medicamento, previamente tomado por su madre, aún debe ser absorbido por su intestino, llegar a su circulación sanguínea y alcanzar niveles suficientes para producir efectos secundarios en él (Paricio, J.M. et al., 2014), por tanto, que un medicamento se excrete en la leche materna no implica necesariamente toxicidad y para esto son interesantes los conceptos que definieron  arriba. Igualmente si el medicamento en cuestión es de uso frecuente en pediatría, como son algunos antiinflamatorios, analgésicos (Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre lactancia materna, 2017), antibióticos y broncodilatadores, no le causarán problemas recibirlos en bajas dosis a través de la leche materna.

Los bebés prematuros, los recién nacidos y aquellos que padecen alguna enfermedad o tengan disminuida la función renal, van a ser más sensibles al uso de medicamentos por parte de su madre, en cambio, los bebés sanos de seis meses o más serán menos sensibles ya que su organismo va a metabolizar de forma más eficaz cualquier fármaco que les llegue a través de la leche.

Cuando una mujer que está amamantando, padece una determinada enfermedad y su médico considera que necesita tratamiento, lo primero que debe hacer antes de prescribir nada, es valorar el riesgo beneficio, teniendo en cuenta aspectos tales como la afectación que produce la enfermedad y sus síntomas, en la salud materna, si son conocidos los efectos del tratamiento de elección en la lactancia, si se conocen consecuencias sobre el desarrollo del lactante, o si existen fármacos o tratamientos no farmacológicos que puedan ser una alternativa más segura e igual de eficaz. Una vez valorado todo esto se puede dar el visto bueno a la prescripción del fármaco.

Cuando el lactante ingiere leche que contiene medicamento debe ser absorbido por su intestino

No obstante, a la hora de elegir un tratamiento, se recomienda optar siempre por fármacos bien estudiados, que sean poco excretados a la leche materna y con escaso riesgo aparente. Los profesionales de la salud tenemos a nuestra disposición una clasificación de los medicamentos en función de su seguridad durante la lactancia materna (Hale, T., 2017). Un complemento de gran ayuda es el documento Medicamentos maternos durante la lactancia: recomendado sobre los medicamentos de la octava lista modelo de medicamentos esenciales de la OMS (OMS, 1995), este texto ha sido inspirador para la creación de unas bases de datos que nos permiten consultar gran cantidad de fármacos, de forma rápida y sencilla:


¿Cuáles son las recomendaciones en materia de medicación y lactancia materna?

A modo de resumen debes tener en cuenta esto:

  • Las madres lactantes han de evitar la automedicación, al igual que durante el embarazo debes consultar siempre con los profesionales..
  • Emplea únicamente aquellos fármacos que sean estrictamente necesarios.
  • Es preferible optar por fármacos con vida media y corta.
  • La mayoría de  los medicamentos se excretan por la leche en cantidades demasiado pequeñas como para afectar al lactante, pero pueden alterar el sabor de la leche por lo que el bebé podría rechazar la toma. Aunque en determinados casos el bebé podría llegar a rechazar la leche materna, puede que esta tenga un sabor desagradable.
  • Fármacos con una dosis relativa inferior al 10% se pueden administrar sin problema.
  • En caso de duda o incompatibilidad, por lo general siempre existe una alternativa dentro de la familia del fármaco que resulte más segura para la lactancia.
  • Algunos medicamentos pueden influir en la producción de leche disminuyendo la cantidad que produces y afectando a la alimentación de tu hijo/a.
  • Si el medicamento es seguro no es necesario interrumpir la lactancia materna, esta medida siempre será el último recurso, sólo cuando sea imprescindible y no tengamos ninguna otra opción. Si llegado el caso has de interrumpirla, en tratamientos cortos puedes continuar la extracción de leche de forma manual o con un sacaleches (desechando esta leche), de este modo una vez finalizado el tratamiento puedes volver a retomar la misma .
  • Las presentaciones óticas, inhaladas, colirios y tópicas tienen una escasa o nula repercusión por los bajos niveles que alcanzan en sangre materna.
  • Los medicamentos con alto peso molecular, fuertemente unidos a proteínas, con un volumen de distribución alto, no son procesados con facilidad por el lactocito.
  • Intentar evitar que la toma coincida con el tiempo máximo de concentración del fármaco.
  • Vigila a tu bebé por si aparecen cambios en su patrón alimenticio o de sueño, o irritabilidad. Si observas algún cambio contacta con tu médico.

¿Cómo saber si un medicamento es seguro durante la lactancia?

  • Categoría L1: Máxima seguridad. Medicamento que ha sido tomado por un gran número de madres que amamantan sin observarse ningún incremento en los efectos adversos en el bebé. Los estudios controlados en mujeres que amamantan no demuestran un riesgo para el bebé, y la posibilidad de daño al lactante es remota o el producto no es biodisponible por vía oral en un bebé.
  • Categoría L2: Seguro. Medicamento que se ha estudiado en un número limitado de mujeres que amamantan y que no se ha observado un incremento de los efectos adversos en el bebé; y/o la evidencia de un riesgo probable demostrado que siga al uso de este medicamento en una mujer que amamanta es remota.
  • Categoría L3: Moderadamente seguro. No hay estudios controlados en mujeres que amamantan; sin embargo, el riesgo de efectos adversos para un lactante es posible; o, los estudios controlados muestran solo efectos adversos mínimos no amenazantes. Se deben administrar medicamentos solo si el beneficio potencial justifica el riesgo potencial para el bebé.
  • Categoría L4: Posiblemente peligroso. Existe evidencia positiva de riesgo para un bebé que es amamantado, o para la producción de leche materna, pero los beneficios del uso en madres que amamantan pueden ser aceptables a pesar del riesgo para el bebé (por ejemplo, si el medicamento es necesario en una situación potencialmente mortal o enfermedad grave para la cual no se puedan utilizar medicamentos seguros o no son efectivos).
  • Categoría L5: Contraindicado. Los estudios en madres que amamantan han demostrado que existe un riesgo significativo y documentado para el bebé basado en la experiencia humana; o es un medicamento que tiene un alto riesgo de causar un daño significativo a un bebé. El riesgo de usar el medicamento en mujeres que amamantan claramente supera cualquier posible beneficio de la lactancia materna. El medicamento está contraindicado en mujeres que están amamantando a un bebé.

Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.