Quistes de Tarlov

De la mano de la Asociación Quistes de Tarlov conocemos estos quistes, descubiertos en 1938 por el neurocirujano Isadore Tarlov.
¿Qué son los quistes de Tarlov?
Los quistes de Tarlov, también llamados quistes perineurales o perirradiculares son quistes aracnoideos llenos de líquido cefalorraquídeo que se crean a partir de la aracnoides y de la vaina de las raíces de los nervios que salen de la columna vertebral. Pueden presentarse en cualquier parte de la columna, pero son mucho más frecuentes en el sacro, sobre todo a nivel de S2 y S3.
Son quistes meníngeos aracnoideos de tipo II, la capa que los envuelve es la aracnoides y contiene nervios. A veces también hay nervios en su interior.
Los quistes de Tarlov fueron descubiertos en 1938 por el neurocirujano Isadore Tarlov creyendo en un principio que no daban síntomas; al seguir investigando rectificó, indicando en 1948 que una parte de ellos sí producen síntomas.
¿Los quistes de Tarlov pueden crecer?
Normalmente no crecen o lo hacen muy poco a poco a lo largo de los años, suelen tener una válvula en su interior que deja que entre el líquido cefalorraquídeo pero no que salga, por lo que pueden crecer al aumentar la presión hidrostática del líquido cefalorraquídeo.
¿A quiénes afectan más?
Sobre todo a las mujeres: 3 de cada 4 pacientes son mujeres y apenas hay niños con quistes de Tarlov.
Afectan más a personas de mediana edad, pero también a jóvenes y ancianos.
¿Cuál es su causa?
La causa exacta no se conoce con exactitud. Hay varias teorías: podría ser por un traumatismo provocado, por ejemplo, por accidentes de tráfico, caídas, esfuerzos importantes y repetidos como coger objetos de mucho peso o el parto, anestesia o cirugías en la columna…
También se relacionan con enfermedades del tejido conectivo como síndrome de Ehlers-Danlos, de Marfan, de Loeys-Deitz y se han descrito en familiares directos de pacientes con quistes de Tarlov por lo que podrían tener un componente hereditario.
En estudios más recientes buscan una posible relación con enfermedades autoinmunes como lupus o síndrome de Sjőgren.
¿Cómo se diagnostican?
Para el diagnóstico lo más relevante es la resonancia magnética (RM) bien informada y un Traumatólogo o Neurocirujano experto que valore adecuadamente la clínica por los quistes de Tarlov. En una radiografía, sin embargo, no se ven; también pueden verse en una Tomografía Computarizada (TAC).
Al existir mucho negacionismo y desconocimiento de esta patología hay mucho retraso en el diagnóstico y muchos pacientes son infradiagnosticados, pudiendo incluso ser diagnosticados erróneamente de otras patologías como ciática, lumbalgia o trastornos de salud mental, cuando la realidad es que los síntomas son producidos por los quistes de Tarlov.
¿Qué síntomas producen?
La mayoría de quistes de Tarlov son asintomáticos, sólo unos pocos son sintomáticos.
Cuando producen síntomas, estos pueden ser leves o muy invalidantes, múltiples o escasos, a veces pueden desaparecer por completo y reaparecer más adelante, sumarse otros síntomas… Incluso, es frecuente que se vuelvan crónicos siendo típico el dolor crónico desde la raíz nerviosa afectada.
Esta radiculopatía depende de la presión a la que son sometidos los nervios de los propios quistes o de los de su alrededor. Es preciso señalar que no siempre los quistes más grandes dan más síntomas o son más intensos: no olvidemos que hay nervios en su pared y/o en su interior y que se forman justo en la vaina de la raíz nerviosa por lo que un quiste pequeño puede ser más sintomático que uno de más tamaño.
Los quistes de Tarlov pueden producir también trastornos neurológicos debido a la compresión nerviosa.
Los síntomas pueden ser:
- lumbalgia
- ciática
- sensación de presión / dolor en el sacro (a veces también por la erosión ósea que produce el quiste) y en coxis
- dolor pélvico, perineal, genital
- disfunción de la vejiga como continencia (autosondaje, infecciones de orina…) o incontinencia,
- disfunción intestinal (estreñimiento, diarrea, incontinencia),
- disfunción sexual (dificultad o imposibilidad para llegar al orgasmo, dolor en las relaciones sexuales, falta de sensibilidad. Incluso, a veces, trastorno de excitación sexual persistente,…)
- sensaciones extrañas como entumecimiento, hormigueo, quemazón o sensación de frío, pinchazos, calambres, escozor, hipo o hipersensibilidad en la piel….
- dificultades de la marcha
- claudicación intermitente
- debilidad en las piernas
- dolor en el glúteo
- dolor en piernas y pies, sobre todo en la parte posterior de los muslos
- dificultades para permanecer sentado
- imposibilidad de permanecer de pie largos períodos de tiempo,
- dolor de cabeza, cuello, nuca
- sensación de inestabilidad, probablemente por una alteración en la circulación del líquido cefalorraquídeo.
Los síntomas pueden aumentar al toser, ponerse de pie, con cambios posturales o esfuerzos físicos y pueden disminuir al acostarse. Estos síntomas pueden ser intermitentes o constantes. Además, si el quiste está situado en una zona más alta como dorsal o cervical, los síntomas se presentarán en las zonas de la raíz nerviosa afectada.
¿Cuál es su tratamiento?
El tratamiento es principalmente paliativo y depende de los síntomas. Sin embargo, suele ser conservador, con medicamentos para el dolor siguiendo la escala analgésica, o específicos para dolores de tipo neuropático y también fisioterapia, rehabilitación…
El ejercicio físico es muy importante, en la medida de lo posible, pero no debe ser de impacto: podría ser pilates o yoga terapéutico, tai-chi, aquagym suave… La práctica de deporte es importante para evitar en lo posible el deterioro neurológico y conservar la movilidad.
También ayudan los estiramientos musculares y el autocuidado físico y mental es esencial. Cuando los síntomas son más complejos o acusados los pacientes son enviados a la Unidad del dolor, donde pueden ofrecer al paciente algún tipo de infiltración con diversas sustancias analgésicas o antiinflamatorias, radiofrecuencia pulsada… según la clínica del paciente. En algunos casos puede plantearse la colocación de un neuroestimulador.
La intervención quirúrgica es la última opción. En este caso, no está demostrado que elimine el dolor, por lo que más bien se realiza ante daños neurológicos importantes y sopesando mucho el posible riesgo/ beneficio, ya que es una operación de elevado riesgo y el porcentaje de éxito es muy controvertido.
Por último, es necesario recalcar la importancia de las asociaciones de pacientes con enfermedades raras, porque son un gran apoyo para los afectados y sus familias ofrecen recursos integrales que abarcan desde lo emocional y social hasta lo informativo y legal, empoderando a los pacientes. También promueven la investigación, y dan visibilidad a las patologías.
Fuentes
- Asociación Quistes de Tarlov
*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.



